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Donde habita la muerte: miedo, fascinación y lo gótico en el inconsciente

Updated: Oct 6

La tensión entre vida y muerte desde una mirada simbólica y psicológica


Calavera semi enterrada bajo la hojarasca
Imagen de Unsplash

A veces, a pesar de sentir un gran rechazo a la muerte, nos encontramos rumiando sobre ella. Incluso podemos habitar los espacios donde su presencia es más potente. La atracción hacia los cementerios y las películas de fantasmas es un ejemplo de ello.


Encuentro con lo gótico

Lo gótico se encuentra en ese espacio liminal donde la resistencia y la fascinación coexisten. Este fenómeno, que Carl Gustav Jung denominó coincidentia oppositorum, se refiere a la unión de opuestos que parecen irreconciliables. Sin embargo, en realidad, son dos caras de una misma realidad psíquica.


Por un lado, la resistencia a la muerte nos habla del instinto de supervivencia, de la fuerza vital de Eros que evita ser disuelto. Por otro lado, está la atracción irresistible y casi morbosa por la muerte. Los cementerios, la imaginería arquetípica, lo espectral y lo simbólico nos revelan que la psique explora lo más profundo. Aquí, la muerte no es un fin, sino una oportunidad para la transformación y el renacer de algo nuevo.


La importancia de los cementerios

Los cementerios son relevantes porque simbolizan ese espacio donde se honra la memoria y el duelo, pero también nos transmiten paz. Son oráculos atemporales que ofrecen calma y fertilidad. En ellos, el arte de las lápidas se encuentra con las flores cortadas, enmarcadas en un silencio que, aunque ensordecedor, es fértil. Son espacios altamente simbólicos que representan lo que llevamos dentro, donde se honra el duelo y la memoria. Como un útero en reverso, encarnan externamente lo que a menudo llevamos dentro.


Aunque no siempre paseamos por los cementerios, sería interesante investigar si visitarlos conscientemente (de forma ritualizada, no morbosa) ayuda a procesar duelos y conectar con ciclos vitales. Podemos habitar conscientemente esa tensión entre la vida y la muerte mediante la reflexión y la expresión escrita. No se trata de responder a las grandes preguntas sobre si hay vida después de la muerte o si existe una entidad creadora. Se trata de crear espacios donde la incómoda tensión de pensar en la muerte pueda expresarse libremente.


El peso cultural

Nuestra cultura, al intentar domesticar la muerte, la espiritualiza, la intelectualiza o la minimiza. Esto nos deshumaniza como seres que necesitan habitar las transiciones, por incómodas que sean. Esta aparente paz nos priva de su potencia transformadora, donde lo gótico, lo siniestro y lo ambivalente se hacen presentes.


Personalmente, creo que las respuestas a nuestras inquietudes no están en embellecer o reducir a fórmulas consoladoras. Se encuentran cuando habitamos ese umbral más profundo donde conviven la pulsión de vida y la presencia de la muerte, sin que una anule a la otra.


Desde mi último taller La muerte como transformación, he estado investigando qué ocurre en nuestra mente cuando ponemos nuestra relación con la muerte sobre la mesa y la contrastamos con la de otras personas.


Conclusiones sobre la muerte


Aquí comparto algunas de mis conclusiones:


  • La ausencia de imágenes arquetípicas de la muerte


    La imagen que les viene a algunas personas a la mente al pensar en la muerte es la de árboles, fluir o incluso el concepto de regeneración. Esto podría indicar que, en algunos contextos del imaginario colectivo, la muerte se relegue a una visión más “espiritualizada” o “tranquila”. Es como si quisiéramos suavizar lo que culturalmente nos da miedo. La imagen arquetípica del esqueleto encapuchado con guadaña puede resultar más confrontativa y causar rechazo porque no embellece ni endulza. Para algunos, su imaginario personal está ocupado por una visión de la muerte culturalmente más dura, mientras que otros buscan representaciones menos perturbadoras como mecanismo de defensa. Sería necesario encontrar estudios que expliquen qué está ocurriendo realmente aquí.


  • Dificultad para nombrar las muertes simbólicas


    Quizás la dificultad para nombrar nuestras muertes simbólicas refleje que solemos identificar “muerte” solo con el final biológico. Algunos ejemplos incluyen cómo nos sentimos al final de cada ciclo hormonal, los cambios de empleo, o el fin de una estación. Estos eventos, que no consideramos como situaciones de muerte, pueden dejarnos con un tipo de duelo que no se ha interiorizado culturalmente. Tendemos a negar lo pequeño y lo simbólico porque, si lo reconociéramos, tendríamos que aceptar que la muerte está presente en cada transición. Reconocer nuestras muertes simbólicas significa reconocer fragilidad, y no todo el mundo está dispuesto a hacer este ejercicio.


  • Estar en paz con todas las muertes


    Para quienes estamos siempre buscando qué habita las grietas del cerebro humano, puede inquietarnos cuando otros parecen estar en paz con la muerte. Quizás, bajo esta aparente aceptación, se esconde un mecanismo de defensa perturbador que también deberíamos investigar. Aquellas personas que, por edad o experiencia, creen que ya no necesitan seguir explorando la muerte, podrían estar hablando de una forma de clausura o evitación de ahondar en lo inconsciente. Creer que la vida psíquica tiene un final cuando aún no se ha explorado todo indica una forma de estancamiento e incluso de anti crecimiento personal. Si biológicamente nunca somos los mismos, psicológicamente ocurre algo similar, y esto también merece ser investigado.


  • La pregunta sobre la vida después de la muerte


    A menudo, veo la incomodidad que se genera cuando los “expertos” responden “no sé” a la pregunta de si hay algo más después de la muerte. Esta incertidumbre es, en realidad, donde se encuentra el oro. Cuando reconocemos que no tenemos acceso a tal conocimiento, suceden varias cosas:


  • Por un lado, desplazamos el foco de las creencias (dogmáticas, espirituales, científicas) hacia la experiencia presente.

  • A diferencia de otras enseñanzas, lo importante no es tener una respuesta para todo, sino explorar la relación que cada uno tiene con su propia finitud.

  • Al buscar seguridad en maestros o guías externos, silenciamos nuestras inquietudes internas y no seguimos investigando.


Las imágenes arquetípicas de la muerte

En mi papel como facilitadora y guía, ayudar a otros a valorar las imágenes arquetípicas más “duras” de la muerte puede ser muy significativo. Creo que colectivamente hay una tendencia a embellecer lo que realmente habita en el inconsciente. Las imágenes de nuestros seres queridos como esqueletos con gusanos entrando y saliendo de sus cuerpos mientras descansan en sus tumbas, o lo que queda tras el proceso de incineración, son imágenes que nos incomodan profundamente. Suelen ser reemplazadas por recuerdos bellos de cuando estaban vivos.


Soy consciente de que mi curiosidad innata por la muerte está acentuada por todas las muertes que he experimentado en mi vida. Quizás en esa búsqueda se encuentre una necesidad vital por convertir mi dolor en una experiencia simbólica transformadora. Sea como fuere, analizar la relación que tenemos con la muerte es uno de los ejercicios más enriquecedores que he realizado hasta ahora y que ciertamente me está aportando conocimientos profundos sobre lo gótico que es nuestro inconsciente.


Reflexiones finales

Espero que este contenido haya sido de tu agrado y te sirva de invitación a seguir investigando.

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Muchas gracias por leerme.


Un abrazo gótico-junguiano,


Alicia


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