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Vivimos Fragmentados: Cómo Recuperar una Psicología Inclusiva que No Pierda su Sombra

  • Writer: Alice
    Alice
  • 3 days ago
  • 12 min read
Una cara fragmentada sobre cristal
Imagen creada con Canva por la autora

La fragmentación de la experiencia humana: un problema de nuestra época

Si algo se me da estupendamente bien es dudar de todo.


También preguntar por qué.


La suma de ambas cosas me ha llevado a investigar sin descanso, buscando respuestas satisfactorias para calmar mi curiosidad insaciable. Si añadimos a esto mi neurodivergencia, el resultado son pequeñas obsesiones que me impulsan a emprender viajes profundos…interminables.


Pero de todos esos viajes de vida, el que me sigue atrapando desde que tengo uso de razón nace de una necesidad visceral por entender qué es lo que realmente nos mueve.

Y ahí surge el primer problema: el ser humano es profundamente complejo.


Por ello creo fervientemente en la necesidad de buscar en todos los campos de conocimiento que tenemos a nuestro alcance, para ver dónde convergen, cómo se complementan y cómo se ha ido interpretando la información en cada momento histórico.


Echando la vista hacia atrás y al analizar mi trayectoria académica, y aun teniendo claro desde muy joven que quería hacer filología inglesa, mi curiosidad por la psicología, la expresión oral y escrita y la sociología, empezó a despertarse cuando todavía no me había lanzado a hacer la carrera. A día de hoy mi curiosidad se expande a la neurociencia, la metafísica, y a las todavía consideradas pseudociencias.


Sin embargo, en mi época, estaba mejor visto especializarse en algo, lo cual en mi caso se convirtió en un descenso casi mitológico al inframundo; salté de un trabajo a otro, porque ninguno me llenaba e hice varios cursos por el mismo motivo. En este sentido, puedo decir que durante años me persiguió la sombra del “aprendiz de todo y maestro/a de nada”.


Mujer fraccionada en imagenes múltiples y colores rojos
Imagen de Jeffrey Keenan en Unsplash

Cuando la sociedad no te reconoce: ser diferente en un mundo dividido

Así pues aquello que un día me estigmatizó, con el tiempo se ha convertido en una bendición; ser aprendiz de muchas cosas también da distancia y cierta libertad objetiva. Nos ayuda a ver cómo todo está interconectado y a decidir donde poner el  hiperfoco en un momento determinado.


Es este distanciamiento, el que me he hecho darme cuenta de que seguimos viviendo fragmentados, lo que, inevitablemente nos desequilibra.  Algo que me ha quedado muy claro desde que el pasado agosto diagnosticaran a mi hijo mayor con autismo de nivel 1.


De repente, el malestar por encajar en un sistema que ha ido en su detrimento y que él llevaba años vocalizando, tenía sentido.  


De una forma extraña, casi sincrónica, mi cruzada personal por llevar a la superficie lo que reprimimos y por lo tanto excluimos, se tradujo en una claridad desbordante sobre el fracaso inminente del sistema educativo y unos modelos sociales obsoletos.


Tanto el uno como el otro siguen perpetuando la invisibilidad de una gran parte de la población. Y esto se puede comprobar mirando los libros de texto.


Todo lo que incomoda, o no encaja en el molde tradicional, se sigue desterrando. Un claro ejemplo de esto es seguir ignorando el uso de la literatura gótica y producciones de terror como herramientas para el viaje interior, ya que son lenguajes del inconsciente comparables a los sueños, intuiciones, entre otros.


Aunque me duela reconocerlo, yo misma había estado excluyendo de mis propios discursos una parte importante de mi misma. Una parte, que, gracias al diagnóstico de mi hijo, me he dado cuenta estaba relegando a la sombra: mi propia neurodivergencia y todo lo que esto conlleva. Esta característica cognitiva que me hace ver el mundo de manera “atípica” podría explicar, en gran medida, mi fascinación por lo gótico.


Ya sea por desconocimiento, por pensar que todo el mundo era como yo, por intentar seguir las normas sociales que me han tocado vivir o por querer encajar, he estado toda mi vida dando de lado no tan solo mi propia neurodivergencia, sino ignorando a mi microbiota, infravalorando mi creatividad y enterrando mi espiritualidad.


Volvemos a la complejidad del ser humano, y al porqué del porqué. Por eso te invito a hacer un pequeño viaje en el tiempo. Un viaje que tal vez te resulte familiar, te remueva, y que, con un poco de suerte, te dejará cuestionando muchas cosas.


Mi intención es que, sigas investigando y reconectando con todas las partes que te hacen ser tú, y no otra persona.


Cómo llegamos hasta aquí: historia, ciencia y el olvido de la totalidad

¿Recuerdas aquella asignatura que nos enseñaron en el instituto y que en su momento parecía carecer de propósito? Se llamaba filosofía.


¿Recuerdas cuántas veces dijiste aquello de: “¿y a mí para qué me va a servir esto?”?

Pues bien, pocos recordamos (quizás nunca nos lo explicaron) que la filosofía fue el origen de la psicología. 


Según nos contaron de forma muy superficial, pensadores como Platón y Aristóteles, fueron de los primeros en preguntarse por la naturaleza del alma (psykhé) y su vínculo con el cuerpo. Cuando digo que nos contaron esto de forma superficial, me refiero a que en el momento en que se dejaron en el tintero la otra mitad del género humano, nos negaron el acceso a una visión integrativa de nuestra historia y por lo tanto a nuestra identidad.


Seguir replicando esta narrativa limitada y egocentrada, sería contribuir a seguir excluyendo de forma sistemática, a todas aquellas personas que no entran en la categoría de hombre blanco, occidental y universitario.


Estatua de mujer griega sosteniendo una máscara de hombre
Imagen de Lihi Gilboa en Unsplash

Hacia una psicología integrativa: cuerpo, inconsciente y simbolismo

La historia oficial que nos hicieron creer nunca habló, de figuras como Diotima de Mantinea (siglo V a.C.), la primera figura filosófica femenina registrada en la tradición occidental y maestra de Sócrates en los misterios del amor (eros), y citada en El Banquete de Platón. Diotima era conocedora de la religión, de la psicología mística y de la filosofía moral. Su visión del amor como fuerza de transformación espiritual, ya era una idea profundamente junguiana avant la lettre.


Aunque, es cierto, que no sepamos con certeza si existió de forma histórica o si fue una construcción de Platón como figura filosófica, lo cierto es que encarna la voz femenina más influyente en la historia antigua del pensamiento sobre el amor.


Tampoco nos hablaron de Hiparquia de Maronea (siglo IV a.C.), discípula del filósofo cínico Crates de Teba. Hiparquia se rebeló contra las normas de su tiempo, defendió la igualdad intelectual entre hombres y mujeres y vivió según sus principios filosóficos. Fue, en esencia, una de las primeras mujeres en practicar la filosofía como forma de vida, y una precursora directa de la psicología existencial moderna.


¿Cómo te quedas?


Si como yo naciste antes del 2000, te darás cuenta de que nuestros libros de texto nos presentaron la historia del conocimiento sesgado. Lo peor de todo es que los libros de texto de mis hijos, (uno de 15 y otro de 11), siguen mostrando a estas mujeres, y también a ciertos hombres, como “curiosidades”, y no como pilares fundamentales en el avance de las sociedades.


Sin poder acceder a las instituciones, las ideas de estas mujeres se atribuían a hombres, lo que las ha estado silenciando, o desvinculando directamente del mundo científico.


Esto, junto con la expansión del cristianismo (s. IV–XI), fueron las bases de que ciertos saberes tradicionales llevados a cabo por mujeres fueran temidos por no estar bajo control clerical y por lo tanto ser malinterpretados como supersticiones paganas e irracionalidad maléfica.


Wilhem Maximilian Wundt
Wilhelm Maximilian Wundt. Imagen de Dreamstime

La psicología gótica como psicología inclusiva para explorar lo oscuro y recuperar lo humano

Siglos más tarde, la psicología buscó independizarse de la especulación filosófica para adoptar el tan conocido rigor experimental. Este giro experimental permitió enormes avances, pero a costa de dejar fuera la dimensión subjetiva, simbólica y espiritual de la experiencia humana, lo que dio lugar una fragmentación importante que a día de hoy nos sigue afectando.


En 1879, gracias a Wilhelm Wundt se fundó en Leipzig el primer laboratorio de psicología. Con este laboratorio quedaba inaugurada una nueva ciencia objetiva, empírica y observacional, que no todos los pioneros aceptaron, ya que esta visión dejaba de lado la pare más inconsciente y espiritual del ser humano.


Es por ello que, a finales del siglo XIX, estudiosos como el poeta británicoclasicistafilólogo Frederic W. H. Myers (1843–1901) comenzaran a explorar los límites de la conciencia. Al darse cuenta de que la mente humana también estaba formada por intuiciones, habitada por sueños y era capaz de experimentar fenómenos que la ciencia de su tiempo rechazaba, Myers fundó la Society for Psychical Research. 


Sin embargo, el miedo a lo invisible, a lo que no se puede contener, o explicar, siempre ha sido el mayor precursor de monstruos de la historia de la humanidad, pero también el mejor incitador de curiosidad.


William James (1842–1910), amigo de Myers, y considerado el padre de la psicología americana, comprendió precisamente la profundidad del intento de su amigo de describir toda esa parte más escurridiza del ser humano. Es decir, Myers ya estaba apostando por una psicología inclusiva. A esta percepción que describió con una metáfora que ha pasado a la historia como el germen de una “psicología gótica”, es el que dio paso al eslabón perdido que creo deberíamos recuperar.  James no propuso una “psicología gótica” como escuela formal, pero sí usó la metáfora gótica para describir el intento de Myers por abarcar lo visible y lo invisible de la psique.


En este sentido me parece muy interesante la siguiente citación:


“Era como pasar de la arquitectura clásica a la gótica, donde pocas líneas son puras y donde formas extrañas acechan en las sombras.”— William James, “Frederic Myers’s Service to Psychology” (1901/1902)


Como ya mencioné brevemente en mi vídeo “Por qué necesitamos una psicología gótica”: Ver la mente humana como una catedral gótica, por su complejidad misteriosa, llena de habitaciones ocultas y pasadizos secretos, fue crucial. Es lo que nos hace entender nuestra psique más profunda de forma metafórica como una estructura viva donde razón y misterio coexisten.


Así pues, mientras Wundt abría las puertas de la psicología experimental, James y Myers abrían las puertas interiores, anticipando un modelo más integrador; esa psicolología inclusiva de la que hemos hablando antes.


Mary Whiton Calkins
Mary Whiton Calkins. Imagen de jfsdelaware.org

Reconociendo la contribución femenina en la psicología

Nuevamente, durante esta transición, volvieron a quedar en la sombra las contribuciones de mujeres como Mary Whiton Calkins (1863–1930), alumna de James y Royce en Harvard.

Calkins fue, ni nada más ni nada menos que la primera presidenta de la American Psychological Association (APA).


Como dato fundamental, Harvard se negó a otorgarle el doctorado a pesar de haber cumplido con todos los requisitos. ¿El problema? nació mujer.


Calkins fue pionera en la psicología del "Self", un enfoque centrado en la unidad de la conciencia y la experiencia personal. Aunque su concepto de "Self" no es idéntico al de Jung, ambos compartieron una intuición similar: la centralidad de la totalidad psíquica y la unidad de la experiencia. Algo que tuvo un gran mérito teniendo en cuenta en que se encontraban en una época en la que la psicología se inclinaba hacia modelos reduccionistas y mecanicistas.


Otra figura importante fue Margaret Floy Washburn (1871–1939), la primera mujer en obtener un doctorado en psicología (Cornell, 1894). Discípula de Titchener, Washburn defendió la continuidad mente–cuerpo y abrió el camino a pensar lo psíquico más allá de lo humano.


Y en esta enumeración tan magnífica no podríamos dejar de lado a Anna Freud, hija de Sigmund Freud, y Melanie Klein. Ambas consideras directas herederas y transformadoras del psicoanálisis. Su contribución abrió las puertas a una psicología simbólica, poética y profundamente humana.


Klein, es de mi especial interés ya que podríamos considerarla, desde una interpretación contemporánea y junto con su contraparte masculina Myers, una de las primeras psicólogas de lo gótico sin saberlo. Su uso de un lenguaje lleno de imágenes de muerte y renacimiento, fragmentación y reconciliación, pulsiones y sombras, así lo demuestran.


Carl Gustav Jung
Carl Gustav Jung. Imagen de GettyImages

Lo que la psicología perdió

Cuando ya parecía que los dos mundos comenzaban a unirse de forma natural, el siglo XX engendró el reinado del positivismo, en el que dominaba el miedo a que el  pensamiento mágico le quitará “respetabilidad” científica a la psicología. Este nuevo enfoque redujo el misterio humano a datos medibles.


Como consecuencia de aquel encorsetamiento intelectual, figuras como Carl Gustav Jung, quien compartía coincidentalmente con Myers y James su interés por mirar más allá de lo visible terminó siendo malinterpretado tanto por la ciencia como por grupos esotéricos.

En caso de Jung, la ciencia más rígida lo acusó de misticismo por hablar del alma y los arquetipos; y el esoterismo más ingenuo lo idolatró sin comprender su profundidad simbólica.


A día de hoy Jung sigue atrapado en una paradoja en la que la ciencia le considera demasiado poético y los entornos más espirituales demasiado científico.


Parte de la psicología se volvió excesivamente normativizante y conductista, priorizando lo medible sobre lo vivido, lo que ha dado lugar a la imposibilidad de contener por más tiempo en silencio su propia sombra.


Aquellas partes de la sociedad que siguen ignorando su propia profundidad, volviéndola unilateral, rígida e incapaz de comprender la ambivalencia que la constituye, es lo que en parte explicaría porque perder nuestra sombra, nos ha hecho perder la empatía por lo diferente.


Volvemos a la neurodivergencia.

Como nos dejó escrito Jung:


“Uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad.”(Carl Jung, CW 13: Alchemical Studies)


¿Qué continuó sucediendo con las mujeres? Te preguntarás.


Pues bien, la tradición dominante heredada de Freud, Skinner y Wundt marginó a Jung, ridiculizó a Myers, redujo de forma anecdótica a James, y borró de los manuales a las mujeres psicólogas.


Hoy, rescatar estas voces no es un acto académico, sino un acto de restauración histórica.


Cara de mujer difuminada entre las luces y las sombras
Imagen de Canva

El nuevo monstruo

Gran parte de la narrativa todavía sigue siendo unilateral, reduccionista y sesgada. Como consecuencia se está gestando un nuevo monstruo, que surge como reacción defensiva que, al intentar corregir siglos de exclusión, a veces reproduce la misma polaridad que pretende combatir.


Es posible que hayas observado un fenómeno que se está comenzando a dar en las aulaspor parte de algunas profesoras y que es el resultado de un enfado histórico en el que se responsabiliza, de forma inconsciente, a las nuevas generaciones de niños, y altera profundamente a las niñas. 


Esto es muy peligroso, ya que cuando una herida colectiva no se trabaja, se activa una sombra que puede expresarse de forma injusta hacia personas jóvenes a las que se les culpa de forma indirecta por algo de lo que ni siquiera tienen conciencia.


Es por ello, que nuevamente, e igual que pasa en la psicología, necesitamos modelos educativos más compasivos, que enseñen justicia sin rabia, igualdad sin confrontación, y memoria sin resentimiento.


Una psicología sin sombra es una psicología sin alma

No se trata de eliminar la sombra, o de verla como algo negativo, sino más bien de entenderla, de ser conscientes de ella, e integrarla para seguir avanzando.


Darle el lugar que se merece a la sombra es, en gran parte, no tan solo una labor psicológica, sino social.


Por eso disponer de una psicología gótica y de una psicología de lo gótico, basada en la idea de una psicología inclusiva en la que se comprenda lo extraño y lo que nos incomoda, nos ayudaría a mirar la oscuridad, como algo transformador, en lugar de algo peligroso.


No podemos olvidar que lo desconocido crea incertidumbre y por lo tanto la sensación de falta de control sobre el futuro de nuestras vidas.


Una lámpara en la oscuridad
Imagen de Benjamin Cheng en Unsplash

Cómo caminar entre luces y sombras

Ciertamente, la solución no está en iluminarlo todo, sino en aprender a caminar entre luces y sombras. Algo que, muchas personas, yo incluida, encuentramos explicación, paradójicamente, en disciplinas como la neurociencia que nos están devolviendo la mirada hacia esa oscuridad olvidada.


En este sentido vemos como los avances en el estudio de los sueños, el inconsciente y las emociones confirman lo que James, Myers y Jung ya intuían; la mente es capaz de beneficiarse de su parte más lógica, pero no podemos negar que también la conforman ecos, símbolos y figuras que buscan comunicarse con nosotros.


Por suerte, empieza cada vez a haber más grupos de personas que buscan alternativas que no patologicen su experiencia de vida, sino que ofrezcan escucha sin juicio. Donde se respeten las diferentes maneras de estar en el mundo y aprender de ellas. Ahí está la verdadera evolución.


Recuperar lo exiliado: integrar la historia y el arte

Quizás ha llegado el momento de recuperar todo aquello que fue exiliado: integrar no solo lo que la ciencia ha ido aportando, sino también lo que sigue excluyendo; reconocer lo que la religión monopolizó y censuró; y reivindicar lo que el arte custodió en silencio mientras el pensamiento dominante lo tachaba de irracional o inútil.


Nos queda mucho camino por recorrer, pero podemos comenzar por mirar nuestra propia historia con honestidad: cómo nos educaron, qué aprendimos, qué interiorizamos y qué reprimimos. Y, sobre todo, podemos empezar a desenterrar las voces de los pensadores y pensadoras que fueron borrados y borradas de los currículums oficiales. Porque si hubieran estado ahí desde el principio, nuestra comprensión del ser humano sería muy distinta a la que hemos heredado. No me cabe duda de que otro gallo nos cantaría.


Una joven gótica sosteniendo una calavera
Imagen de Canva

¿Y qué puedes hacer tú con todo esto ahora?

Empecé este artículo hablándote de mi curiosidad incansable y de mi necesidad vital de entender por qué somos como somos. La experiencia humana me fascina, y cada día estoy más convencida de que nos queda mucho por hacer. Siempre digo que no podemos ayudar a los demás sin antes ayudarnos a nosotros y nosotras mismas primero. Y una forma de empezar es dando voz a esas inquietudes interiores, usar cualquier altavoz que tengamos para expresar lo que nos incomoda y arrojar luz sobre aquello que la sociedad insiste en mantener en la sombra.


Si esta reflexión ha resonado contigo, te invito a formar parte de mi Grupo de Investigación de la Psique Gótica, donde analizamos cómo el inconsciente nos habla a través del símbolo, del mito y del arte. Allí deconstruimos, filosofamos y desciframos cómo lo gótico nos ayuda a sanar.


Si quieres saber si este grupo es para ti, o si deseas un acompañamiento totalmente personalizado, puedes reservar una sesión gratuita de 45 minutos conmigo.


Y si además te interesa formar parte de mi investigación doctoral independiente sobre cómo lo gótico funciona como contenedor psíquico (especialmente en personas neurodivergentes y con trauma complejo), te invito a unirte a mi Patreon, donde comparto material exclusivo y acceso prioritario a mis estudios.


¿Y tú, sientes que estás fragmentada o fragmentado? Me encantará leerte.

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